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Operación Triunfo. No es lo mismo


De pronto, casi todo un país se aficiona sobremanera a la música, pero, sorprendentemente, a la misma puñetera música. Esa música se propaga por todos los rincones, proviene de un coche (da igual que sea el buga tuneao del anormal del barrio que la furgoneta de la mujer de la tienda de comestibles, que el wolgsvaguen polo de la niña de papá) suena también en casas, tiendas, discotecas... parece como si todos hubiera quedado atrapados bajo el mismo influjo dejando de lado cualquier tipo de criterio. Pero, ¿de qué narices se trata? ¿han vuelto los Beatles? ¿ha resucitado Elvis? algo muy grande tiene que estar pasando para que algo así suceda... Pero no, señores y señoras, para mayor sorpresa de un servidor aquella música que provenía de todos los rincones no era más que un puñado de meras versiones de otros temas interpretadas por cantantes amateurs, muchas de las canciones incluso pasadas de moda, donde la producción era más nefasta aún, si cabe, que en las originales, y donde los gorgoritos hacían estragos. Inmediatamente, una pregunta me vino a la mente: ¿cómo es posible que algo semejante irrumpa de pronto con tal éxito gustando a todo el mundo por igual? y cuando digo todo el mundo, digo absolutamente a todos, desde la cajera del super de abajo hasta mi colega pasando por la vecina del quinto y su nieto de 7 años. De pronto, "eso" había despertado la inquietud y pasión por la música en todo el país, como si algo o alguien los hubiera abducido. Claro, aquella música pertenecía a un programa infecto que estaba comenzando a propagarse como el Antrax y respondía al nombre de: Operación Triunfo. La respuesta era bastante más sencilla de lo que me temía, se trataba de un programa de televisión, ni más ni menos que la religión del siglo XXI.

Pero no todo acaba ahí, O.T. (abreviatura de Operación Triunfo) es, además, un programa dañino. Confunde al espectador; esto es cantar bien o esto es cantar mal, o lo peor de todo, quiere hacernos creer que lo que vende es música. Operación Triunfo no es música, simplemente se trata de una academia de canto donde, presumiblemente, unos profesores deberían limitarse a enseñar canto, pero que, en realidad, forman parte de una sucia estratagema para exprimir a unos jóvenes, con la excusa de hacerlos grandes "artistas", con el objetivo de vender el mayor número de discos posibles, a toda costa, aunque sea renunciando completamente a cualquier atisbo de creatividad. Y es que esta gente enseña CÓMO se ha de cantar y QUÉ música se ha de interpretar para vender. Vamos, que el objetivo de esta academia más que el de enseñar a cantar, en el sentido estricto de la palabra, es el de crear un puto clon que genere un buen número de beneficios que más tarde irán a parar a la saca de esta gentuza que mueve los hilos. 
Sólo hace falta ver el proceso de selección de alumnos, algo que va en función de la juventud y la buena presencia del supuesto artista y, sobretodo, del chorro de voz, y no del talento, algo que confundirá al espectador, que creerá que canta mejor el que más voz tiene. Joder macho, viendo este tipo de cosas, luego no me extraña que haya gente que se horrorice cuando escucha por primera vez a Tom Waits...
Mención a parte merecen esas coreografias que los alumnos están obligados a aprenderse antes de salir al escenario para interpretar el tema, y que nos recuerdan a aquellos insufribles bailes de final de curso.
Pero qué le vamos a hacer, la televisión es ’asín’, lo suyo es la cultura de supermercado. Cómo o qué hay que pensar lo determina aquello que vende, y teniendo en cuenta que subsistimos en un país sumido en la más absoluta incultura, esto no puede ser muy beneficioso.



Tipos como el de la foto son espejos en los que mirarse musicalmente hablando y no unos chavales engominaos que usan el micrófono como el que se come un navo, hacen gorgoritos y miran a cámara con carita de niña mientras realizan las coreografías más inimaginablemente ridículas. Lo que tienen que hacer es ganar un poco de cultura musical y los que hacen este tipo de programas no tomarles el pelo al gran público. Aunque me parece perfecto que hayan inventado una palabra con la que denominarles, "TRIUNFITOS", ante la imposibilidad de utilizar una un poco seria.

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