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Cuidado, también en estas fechas podría aparecer... EL PARIENTE CUENTA CHISTES

Hoy día no son pocos los que reconocen haber caído alguna vez en las garras del "pariente cuenta chistes", un penoso personaje que se pasea por banquetes y demás celebraciones propias de un día señalado lastrando con su aparición cualquier atisbo de creatividad.
Este personaje debe su existencia a la gracieta o chiste, una arma tremendamente peligrosa si consideramos que cualquiera con un mínimo de capacidad cerebral para almacenar puede aprenderse uno o varios. Teniendo esto en cuenta, se supone que, prácticamente cualquiera puede contar un chiste, independientemente de haber recibido un cierto don o no. Hay que apuntar también que no todos los que en boca de otros pueden parecer graciosos tienen que serlo necesariamente para ti.
El contador de chistes puede estar en cualquier lugar, casi siempre camuflado e infiltrado entre el gentío y de pronto, con la siempre inestimable ayuda del alcohol, revelarse ante ti que, ingenuo, habías acabado sentado justo a su lado.


Marianico el corto es un reconocido contador de chistes
que hoy pasea su bis cómica de pueblo en pueblo.
Sus familiares lo recomendaron

Imagínense por un momento que se trata de uno de sus familiares, de ésos que se descojonan ellos mismos con sus propios chistes y cuya faceta es reconocida entre su círculo de amigos y familiares, cosa que incrementa aun más su afán de contador de chistes. Supon que caes en sus garras en un día señalado, como por ejemplo en noche buena o en una boda, donde el alcohol hace especialmente estragos. A eso añádele un tiempo sin verlo por lo que el tío tiene todo un repertorio insufrible de chistes para contarte, "¿te sabes el de...?" "y el de...", preguntas a las que tú, como gran desconocedor de la materia, sólo podrás responder: "no". Esto es algo similar a firmar una pena de muerte, pero con la pésima diferencia de que te la estás firmando a ti mismo. En ése instante caes preso de ese personaje al que no puedes abandonar así como así, pues se trata ni más ni menos que de... tu tío. Te conoce desde que eras así de chiquitín-> _ ,encima hacía muuucho tiempo que no te veía, tanto que incluso habías forjado una buena imagen de él en tu cabeza, imagen que ese día, lógicamente, se verá truncada. Tu pobre tío se muestra contento y te sabría mal no responder a sus expectativas pero sabes que si te quedas allí quedarás preso por siempre del pariente cuenta-chistes; quieres escaquearte, ¿pero cómo te lo montas? "Espera un momento, voy al lavabo" ésa sería una buena excusa... pero ¿y luego? ¿luego qué? ¿lo dejas ahí tirado? ummmh...no estaría bien... Una buena idea sería endosarle el muerto a otro/a que pase por allí, los hay que se parten con estos chistes y más aun si llevan unas copitas de más... bien visto, eso no estaría mal... si no fuera porque el muy cabrón suele fijar la mirada en ti y no la aparta ni un solo instante, imposibilitando cualquier maniobra estratégica, además de convertir la experiencia en algo más incómodo y traumático aun, si cabe. De pronto aquello parece no terminar nunca. Empiezas a distraer la atención hacia otras cosas que están sucediéndose a tu alrededor, no puedes evitarlo, la brasa de tu tío solo acaba de empezar y ya no puedes evitar centrar tu atención en otras cosas. Así que, sin darte a penas cuenta... pierdes el hilo del chiste.


Se dice que los parientes cuenta-chistes son alienijanas de algún planeta vecino que representaban una losa para la sociedad a la que pertenecían y fueron exiliados a nuestro planeta, el único sitio donde podían cohabitar.

Maldita sea, ahora la dificultad se ha incrementado, no sólo no sabes cómo hacer que tu carcajada tenga un mínimo de espontaniedad, si no que al haber perdido el hilo tampoco sabes el momento justo en el que tendrás que echarte a reír. Entonces, te bloqueas pero tu tío hace una pausa y te mira fijamente con una sonrisa, te arrancas a reír, parece que tus esfuerzos por concentrarte han dado su fruto y tu carcajada suena bastante creíble pero... mierda, ¡le has reído el chiste a destiempo! (silencio incómodo) "¿y ahora qué?, mierda, le he reído el chiste cuando sólo iba por la mitad! y mira cómo me está mirando, ¿me habrá pillado? coño, ¿qué hago?" Esta situación que, en principio, parece tan incómoda y, por qué no decirlo, también preocupante para ti, en realidad no hará otra cosa que incrementar aun más su afán por contarte un chiste tras otro.
Así hasta que, por fin, logras escaquearte, bien por ti, te has tragado un repertorio brutal de chistes y has acabado con un dolor de boca terrible, pero no de lo que te has reído sino de lo que has tenido que forzar los jodidos músculos de la cara durante las interminables carcajadas de tu tío que se descojonaba de lo lindo con sus malditos chistes sin apartar ni un segundo su mirada de la tuya. "No coño déjanos, cómo nos vamos a reír con esto, joder!" (parecían decir tus músculos faciales), "venga hombre va! que es un familiar y tenemos que quedar bien!" (le respondes tú, como si una especie de diálogo interno se desatara).

Señores y señoras, dicen los expertos que reír favorece una serie de músculos faciales y prolonga nuestra vida y patatín patatán, eso, particularmente, me parece una putada porque entonces significa que los "parientes cuenta chistes" duran más y encima, para colmo, con mejor calidad de vida.

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1 comentario

Mr. Glasshead -

Magnífico artículo que deja bien al descubierto a los insoportables cuentachistes. Que vamos, uno está bien, pero cuando es una tras otro... Yo además percibo que estos cuentachistes suelen ser también unos graciosos en todos los demás aspectos, no paran de hablar todo el rato aunque no cuenten chistes, se creen con un sentido del humor privilegiado y a veces simplemente sueltan gracias que ya no hay por dónde pillarlas y que repiten cada cierto intervalo de tiempo, para que nadie se olvide de que están ahí.
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